HAY UNA PUERTA ABIERTA
Cuando nos encontramos inmersos en la angustia, el dolor, la enfermedad, el desánimo o la desesperación, nuestra mente concibe la oscura percepción de que Todas las puertas se han cerrado… y aunque esto se sustente en una realidad vivida, ¡Aún hay una esperanza!
Pero, ¡Aún
hay una esperanza!
Estimado lector,
aunque usted sienta que camina en densa oscuridad, aunque sienta que haya
tocado fondo, hoy comenzará a vislumbrar un destello de luz que refleja el
umbral de una puerta abierta para su vida. Esa puerta se llama Jesús. Él dijo:
“Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará y saldrá y hallará pastos” (Juan 10:9)
Jesús, el hijo del Dios Todopoderoso, se despojó de toda
su gloria y vino a este mundo a vivir en la misma condición que todos los
hombres. (Filipenses 2:6-7)
En las Escrituras encontramos gran cantidad de relatos de
la vida ejemplar y los milagros del mesías. Al estudiarlos se puede apreciar
patentemente el gran amor de Dios por medio de su hijo, que se extiende hasta
nuestros días. El Señor desea ayudarnos; Él nos entiende y le importa todo lo
que estamos viviendo.
Usted podría estar preguntándose: ¿será verdad que a
Jesús le importa lo que me pasa? Sí,
estimado lector; Jesús murió en la cruz por usted y por todo el mundo.
No importa la magnitud de su problema. Jesús dijo:
“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25)
El Señor, sufrió toda clase de dolores y padecimientos.
La noche antes de la crucifixión, se aparto a orar y en agonía su sudor era
como grandes gotas de sangre (Lucas 22:44). La ciencia médica explica que este
hecho se lo conoce como hematidrosis; El catedrático de Fisiología de la Universidad de Navarra, Santiago
Santidrián Alegre, explica que esta dolencia, es causada
por una «intensa descarga nerviosa» que estresa el organismo
provocando una dilatación de los vasos sanguíneos que rodean las glándulas
sudoríparas. Jesús sabía que dentro de pocas horas tendría que enfrentar la
muerte en la cruz. ¿Sabe usted porque causa Él sufrió tanto hasta la muerte en
la cruz? Por amor a usted y a toda la humanidad.
Veamos
una de las invitaciones más preciosas que nos hace el Hijo de Dios:
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga”
La
invitación del salvador es: “venid”.
Es un llamado tierno y compasivo, en el cual:
-
No importa si somos pobres o
ricos.
-
No importa si estamos sanos
o enfermos.
-
No importa si somos buenos o
malos.
- No importa si estamos de pie, de rodillas o postrados en un lecho.
Lo único que
importa es que aceptemos la invitación. ¡Hay una puerta abierta!
El Señor nos ofrece
ayuda y desea darnos descanso. Además nos invita a conocerlo e imitarlo para
enfrentar las dificultades que son propias de esta vida y ser vencedores como
El lo fue.
Las circunstancias
de esta vida son utilizadas maliciosamente por el enemigo de nuestras almas,
para robarnos la esperanza, la paz y la felicidad, pero si tan solo creemos en
el salvador, lo buscamos y nos rendimos a sus pies, todo cambiará. Jesús dijo:
“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y
para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10)
Estimado lector, la
nueva vida en Jesús es muy hermosa, no porque todos los problemas
desaparecerán, sino porque tomados de sus manos podremos superar toda clase de
dificultades. Muchas personas creen erróneamente que al venir al evangelio las
enfermedades, aflicciones y dificultades terminan por completo. Esto no es verdad;
Jesús dijo:
“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis
aflicción; pero confiad yo he vencido al mundo (Juan 16:33)
Nuestra esperanza
segura está en acercarnos a Dios en el nombre de Jesús todos los días e
implorar su ayuda y misericordia.
Estimado lector la decisión queda
en sus manos.
Hoy puede ser el comienzo de
una nueva vida.
¡Aún hay esperanza y una puerta abierta que espera por
usted!

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